Desafío

Sábado, 1 diciembre 2007 | 0 comentarios

“Hola” le dije, con algo de miedo o timidez. Esas cosas que uno tiene al sentarse al lado del que uno no conoce. Ella tenía ojotas marrones y unos auriculares blancos conectados a las orejas. Sacó su teléfono celular, que estaba conectado a sus auriculares y se los sacó de las orejas. Me miró. Tenía unos ojos verdes brillantes que parecían inseguros pero con ganas de experimentar algo nuevo.

Estaba sentada en los escalones frente a la puerta de “El Estudio” bajo la atenta mirada de los señores que cuidan autos. “Vos también venís a la audición?” le pregunté. Me había contado su nombre, pero ya no lo recordaba.

Más tarde completé una hoja, que entre otras cosas preguntaba “Porqué querés estudiar teatro?”. Sin pensarlo respondí “Quiero expresar mis emociones”.

Me había propuesto empezar un desafío resumido en esta frase. Y la emoción comenzó a girar cuando días después recibí un mail confirmándome que sí, había ingresado a la escuela.

Todo fue descubrimientos. El año avanzó, hasta que un sábado pensé “quiero hacer algo más que sólo venir los sábados”. Sin darme cuenta, ese mismo miércoles me estaban llamando para prender las luces en “Hombres en escabeche”. Me sentía como si estuviese en New York a
punto de filmar una película donde tenía el papel estelar. No saben cómo lloré la noche despues de la primera pasada con Hernán, Nati y Agustín. ¡Ahí estaba yo!

Enseguida empezó un taller de danza. Tenía que hacerlo. Agustín, en medio de una charla en su auto me dijo que me iba a hacer muy bien. Rápidamente todas mis energías se dedicaron al musical. Pasó el musical, mi primera experiencia sobre un escenario, de trabajo en equipo, donde las relaciones crecieron de manera impensada con mis compañeros.

Ahí nomás, exámenes. Historia, Expresión y Vocal. En el medio de todo, una noche Piñanez me saluda y me dice “Hola José”. No entendía nada de lo que me decía. Hasta que me explicó que ese era el nombre de mi personaje. El de mi obra de fin de año. Salí corriendo. No sé qué fuerzas me empujaban. Y otra vez estaba llorando! No tenía idea de cómo era José… pero ¡ya tenía un nombre!

A días de presentar mi obra de fin de año, voy a ver el trabajo de los de segundo y para sorpresa mía, mi nombre estaba entre los agradecimientos del programa. No había forma de no estar conmovido. Qué mucho que pasó en este año. No lo imaginé así. Lloré solo.

Hoy se presentó “Salón” mi obra de fin de año ante los interventores, profesores y compañeros. Mi primera obra. Mi examen final. El siguiente grupo también lo mostró. Paola vino a abrazarme, y la imagen que me volvió era la de sus ojotas marrones y sus auriculares de aquella mañana de la audición. Lloré con ella. Aquel, mi desafío del año, se había cumplido. Solamente quería sentarme a llorar, llorar y llorar. Esas cosas que parecen inalcanzables… ahí está. Ya pasó.

Llegué a casa, me acosté y no podía dormir. Finalmente ya estaba llorando una vez más. “Quiero expresar mis emociones” giraba en mi cabeza.

Ustedes dos, son responsables directos de que hoy esté acá sin controlar mis lágrimas. Por las ansias que tienen de mostrarnos su mundo y compartirlo con nosotros al abrirnos las puertas de El Estudio, donde lo que más se siente son sus corazones abiertos a nosotros. El Estudio se transformó para mí en un templo en donde lo único que ocurre es conmover corazones.

Hoy quise mostrarles cuán conmovido está el mío.

Y no existen palabras para describir el abrazo que les quiero dar.

Por ayudarme a hacer que este desafío haya empezado a tomar color y calor, de todo corazón, MUCHAS GRACIAS

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