Te llevo

Viernes, 29 febrero 2008 | 0 comentarios

¿Adónde vas? ¿Te llevo?

La ruta me espera, y el asiento del copiloto vacío. El cielo despejado me mira y sugiere que el paseo se vería más cómodo con alguien al lado. Menta, dos hielos y agua pueden acompañar el viaje.

¿Que adónde voy? No sé. En realidad no sé si importa, está ahí a una mínima de distancia
Y en este caso, precisamente, no existen personas capacitadas para subir de copiloto, el requisito, son tus ojos. No, el verde no es el indicador. Es la profundidad con los que me miraron al pasar
¡Ay! Ese tu gesto me asombró, pero, no logro descifrarlo. ¿Qué decís? No escucho, el motor está encendido esperando que subas. No espero una respuesta, espero que subas.

¿Puedo seducirte con decirte que comemos chipa por el camino? Pero suena más osado decir que lo que comas, puede no convencerte: el viaje es más que comida.

Ah, no tengo radio. Cierto, no hay radio en el auto. Si me dijeras que podemos cantar, paro el motor y te alzo en andas: vamos a pié.

Podríamos quedar por algún hotel que nos quede por ahí. Los vamos demoliendo. Buscamos uno con living y elegimos en qué lugar elevar nuestra oración para agradecer el que estemos ahí, rezando juntos.

Sonaron las bocinas y me desviaste la mirada. El colectivo se movió. Mi tarde se vió iluminada por el viaje al que tus ojos me llevaron. Me saqué los anteojos oscuros y comprobé: estaba en llamas cuando me acosté.

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