A medio brillar

Miércoles, 25 marzo 2009 | 1 comentarios

A media luz, todo un piso con sillas vacías. Nadie más en el salón. Eran dos que parecían desconocidos. Uno a cada extremo. No se veían. Ansiaban saber si había alguien allá. Y quién. En todo momento hubo música de fondo. Suave.

Se escuchó “Nada te importa en la ciudad si nadie espera”. Autómatas, ninguno pudo aguantarse el quedarse sentados en su rincón. Cada uno en su mundo, la música los transportaba. Tampoco había mucha luz en el sueño. Simplemente sentían cómo la música masajeaba sus oídos. Ninguno sabía que el otro estaba. Simplemente estaban en el medio. Tenían un rayito de luz en común.

Abrieron los ojos. Se encontraron. Las miradas hablaban. Exploraban. Descubrían. Ninguno dejó de cantar. Cantaban juntos. No veían más que el ojo del otro. Él levantó la mano, no se animaba a tocarla. Ella lo siguió, respondiendo a sus movimientos, que acompañaban el ritmo que sonaba cada vez más adentro de ellos. “Algo tienen estos años” y fue un cruce de chispazos. Dos dedos índices que intercambiaron tacto, reconociéndose.

No dejaron de mirarse en ningún momento. No podían reaccionar. Todos los dedos se encontraron. Y nadie dijo nada. Escuchaban. Miraban. Sentían.

La música se detuvo y ninguno pudo desprenderse. Siguieron cantando mucho más bajito. Susurrando. Suspendidos.

Siguiendo el compás que la música marcó en sus latidos, rompieron las barreras. Abrazados, reconocieron el olor del otro. Disfrutando el estar, cada uno en su rincón, con su pétalo de sal, a medio brillar.

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