Fin de semana de película

Lunes, 16 marzo 2009 | 0 comentarios

 

Empezaba como una aventura. El viernes a la noche lo único que quería era que fuese lunes a la mañana y que el torrente haya pasado.

A las 7 de la mañana del sábado 14 de marzo, empezábamos a preparar la escenografía dentro del pub. El despliegue comenzaba a dibujarse. El streapper sobre el escenario, las luces de colores, la cámara que se movía sobre un riel, las actrices producidas, y la super producción atrás de cámaras eran testigos de un espectáculo donde de alguna forma, nos impresionaba y estimulaba.

A las dos de la tarde, se terminaban de desarmar los equipos para empezar a las cuatro la grabación dentro de El Estudio. Las imágenes nos impresionan. Entre quince personas, frente al monitor, mirábamos atónitos cómo Jero y su magia con la cámara, completaban la emoción que subía a los ojos al ver la claqueta que decía: “Ojos de ángel – Escena 1 – Toma 1″. Georgina se encargó de poner su corazón ante la cámara y que la corriente sanguínea ya no se contenga.

Escuchar las palabras que alguna vez pasaron por mi pantalla mental, bajaron a mis manos y que ahora se vean a través de un monitor, no tiene forma de explicarse. Sentía que me sacaban fotos y nada podía contenerme. Lloraba sin poder creer. Porque todavía estaba soñando. Y porque estaba despierto.

La escena terminó con un abrazo colectivo, que se repetía toda la tarde. Los aplausos para festejar el final de una escena se multiplicaron. Hasta que un niño mágico hizo su aparición ante cámaras para sorprendernos con su hechizo, iluminándonos con una sonrisa de incredulidad. La facultad de Agustín de creer firmemente en la capacidad de Ireneo y Camila, buscando credibilidad en lo que se representa suma magia al espectáculo.

Con tres horas de atraso en la grabación, a las dos de la mañana, las escenas salían una tras otra con una velocidad increíble, movida a pulmón del director y los técnicos. El humor general ya no era de los mejores, pero nadie se permitía decaer. Yo me seguía escondiendo en los pasillos para llorar libremente, refregarme los ojos y volver a la realidad. (¿O nunca salí de la realidad?). Hasta que llegó la policía y se grabó la escena del final. A las siete de la mañana, se habían terminado, con dos horas de atraso, las escenas dentro de El Estudio.

Los trabajos se retomaron a las dos de la tarde en la Chacarita. Embelasados con el espectáculo de adentrarse a un barrio impenetrable, revelando el colorido de imágenes que esconde. La ficción se mezclaba con la realidad. Esperamos la noche para terminar las tomas con el atardecer desde el balcón de Ángel con Asunción de fondo. A las nueve, estábamos listos para empezar las últimas escenas sobre la calle Herrera.

El aplauso generalizado y el abrazo grupal marcaba la culminación de un hito. Un capítulo de televisión que abraza un sueño de convertirse en largometraje, hace que este se haya convertido en un fin de semana de película.

Las contradicciones de la vida tienen una ironía inexplicable. Estoy medio arrepentido. Ahora quiero que vuelva a ser viernes. Qué bobo. Yo pensaba que el torrente iba a terminar ahora.

Pero si pienso mejor, parece que el torrente recién empezó.

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