Vacío

Viernes, 3 julio 2009 | 0 comentarios

Vacío de batidos sin café ni azúcar, de licuadoras sin reparar, de masajes con y sin crema, de duchas sin agradecer, de hormigueros sin hostigar, de margaritas sin crecer, de chocolates sin regalar, de notas sin escribir, de largas charlas en silencio, de ronquidos que suenan sin molestar.

Vacío suicida, me delata; es, ya lo sé. Ausencia, palabra suelta que se escribe en la pared, que suena sola, resquebrajando las costillas, en el ruido de mi pieza, en el silencio de la tuya.

Vacío de manos más chicas que la mía, de piernas que cobijar en mi regazo, de mandíbulas que al abrirse no suenen, de pechos que no puedan ser tocados, de besos que no puedan ser robados, de desnudos que no puedan descubrirse.

Vacío de llaves y monedas que suenan sin molestar, de no despertar, de controles sin reparar, de abrigos sin prestar, de rulos sin sentirse acariciados, de peinados sin hacer, de músicas sin escuchar, de frases sin decir, de textos sin escribir, de brazos sin sostener.

Vacío de mimos sin entregar, de rescates sin hacer, de amaneceres y atardeceres sin contemplar, de nombres sin escribir, de viajes sin hacer, de hija sin nacer. De no asincerarme, de no permitirme hablarte a los ojos, de sentirme vulnerable ante ellos, de contarte mi verdad, por más absurda que parezca.

Vacío de no verte, de no encontrarte cerca, ni lejos. Vacío de no compartir el dolor de enfrentar los abruptos golpes de la vida.

Vacío tal, sin siquiera espacio para despedirme con un abrazo compenetrado, vacío de vacío.
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