La fuga

Viernes, 25 septiembre 2009 | 8 comentarios

El sol que entraba por la ventana me daba directo a las piernas. Me daba gusto sentir la suave sensación de quemazón en los pies. Acabábamos de juntar la mesa. Entramos a la pieza con Juan Pablo, mientras mamá lavaba los platos. Era viernes. Ya no había tareas y ella se acostaba a dormir la siesta al lado nuestro. Cuando se recostaba, yo me ponía mirando a la pared y esperaba a sentir el sonido fuerte de su respiración.

Con movimientos milimétricos, iniciaba el proceso de fuga, despidiéndome de la pintura ocre. Movía mis dedos para preparar el giro. Después de mucho tiempo de extremo silencio, quedaba con la pared a mis espaldas y la mirada fija en los ojos de mamá, que inhalaba su sueño. Levantaba mi brazo, lo estiraba al máximo como una goma y con un cuidado extraordinario, apoyaba mis manos y pies del otro lado de ella. Estaba como un gato, encima de mamá. Mi pecho, sobre su cuello. Este era el punto conflictivo, donde debía prestar especial atención a mi respiración. Ya me había pasado que la salida de aire de entre mis narices haya sido la delatora de mi huida, ocasionando la reclusión directa contra la pared.

Primero levantaba la mano, dedo a dedo. Debía cuidarme. Tenía que evitar el roce de mi rodilla con su espalda durante el cruce. Parecía que alguien me atajaba para no perder el equilibrio, apoyándome con una pierna y un brazo. Bajaba un pie al piso y el momento crucial llegaba. No sabía cómo hacer para que la cama no haga ruidos al incorporarme. Lo dejaba a la suerte. El proceso de caminata en puntas de pie y de a un paso a la vez, culminaba cuando llegaba a la escalera que daba al patio. Tomaba aire y corría a la libertad, bajo la sombra del mangal.

Cerca del tatakuá, al fondo, esperaba mi colectivo iniciar su itinerario. El trozo rectangular de madera, con las ventanas y ruedas que dibujé en una siesta anterior, era el juguete indicado para esa zona de la casa. Las ruedas de los autos y de los camiones de plástico tenían un engorroso problema: se quedaban trancadas al deslizarse sobre la tierra. A ellos los dejaba cuando podía jugar, a mis anchas, sobre las baldosas rojas de la casa.

En cierto modo, disfrutaba el reproche de mamá cuando se levantaba. Descubrí que tenía una forma especial de poner los labios en su discurso, que hasta parecía mostrar cierta sonrisa cuando me recriminaba mi furtivo escape.

Hace una hora, empezando la tarde de oficina y retomando el trabajo después del almuerzo, aparece una ventana de Messenger que me dejó paralizado.

Adriana dice:
soy facu

Mi respiración se cortó. Me quedé congelado. Me tomó un largo tiempo la elección de la frase con la que iba a responderte. Intercambiamos unas palabras y no tardaste en llenarme de emoticones y guiños animados, tirándome besos y dibujitos de colores. Hasta que de golpe, te quedaste desconectado.

Me cuesta entender el proceso de tu crecimiento (o el mío) para asumir que ya leés y escribís. Que te escapaste de la cama para robar la computadora de tu mamá y llegar hasta mí con una frase escrita.

Pareciera que sigo teniendo tu edad. Quiero que mis brazos vuelvan a ser de goma, estirándolos al límite y fugarme de la tarde de viernes de oficina para llegar hasta vos. Elegir juntos algún trozo de madera y mostrarte cómo los granos de arena trancan las ruedas de los coches de plástico.

Entiendo también, que los años pasaron y las travesuras son otras. Pero quiero contarte al oído, para que lo sepas. Hoy, fui yo el que te atajé. Para que mantengas el equilibrio y no te intercepten en la fuga.

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8 Comentarios para “La fuga”

  • Diego dice:

    Da gusto leer cada día esto, me hacía falta

  • Mirian dice:

    me hiciste recordar mis fugas en las siestas de mi infancia. Era toda una osadía. Que loco, hace mucho no recordaba eso. Gracias!

  • Nathalie dice:

    Me siento plenamente identificada juan. Me pasa lo mismo con mis hijos, solo que creo que ellos aprenden a volar antes de lo que lo hicimos nosotros. Quiero que el tiempo pare, para que estos momentos no se esfumen, para poder vivirlos más intensamente, pero las horas, los días corren sin piedad. Vivamos cada día con cada partícula de nuestro ser y aprovechemos los momentos que nos tocan vivir!

  • japoneses dice:

    Gracias Juani, nos hiciste recordar de nuestra infancia y de nuestra escapadas, siempre nos encanta leer lo que escríbes. Estamos anciosos del sigte.Un abrazo

  • Elida Favole dice:

    Sencillamente hermoso. Me encantò. No te detengas y seguì compartiendo màs de vos con todos nosotros. Gracias.

  • Marta Vivian dice:

    Me muero, tierno, tierno………………

  • Diego M. dice:

    Fantástico. Nostalgia de epocas que pasaron, que hermoso recordar esos momentos.

  • alba dice:

    Genial Juan Antonio…creo q todos añoramos en algun momento volver a la infancia y escaparnos lejosssss….

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