Aguado

Miércoles, 25 noviembre 2009 | 0 comentarios

Sangre aguada que bombea por bombear. Sin ir. Sin venir. Se está. Porque hay aire. Todavía hay aire. Mientras entra, se escucha cómo la presión de una tecla produce un dó que hace eco en los intestinos.

Un ácido sabor cierra la garganta. El aire corre con dificultad. Los párpados pesan. La panza molesta. Las marcas sostienen al cuello.

Hay un camino que no se ve, pero está. Dice estar. En días azules o grises, con piano o caño de escape de fondo, se siente el lodo pegado a la piel. Si llueve, hay barro hasta el cuello. Si no, está resquebrajadamente seco, chupando la humedad de la piel. Mis piernas no me llevan. No se van. Se rehusan.

Meto la cabeza entre las cuerdas vocales, resonándolas con los dientes. Levanto los hombros. Los ojos observan ocultos desde los pezones. Con una pajita al ombligo sigo tomando agua. Hay olor a intestinos. Ya tenía la cara mojada.

Los líquidos se confunden. Sangre por lágrimas. De ahí lo aguado. Sangre con lágrimas. De tanta sed.

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