Futbolista

Lunes, 13 septiembre 2010 | 0 comentarios

- ¿En qué línea te vas?
- En el cuarenta.
- Oima, yo te aviso. ¿Y para dónde?
- Placita pe aha, nadie no nos va a ver allá.

No aguanté la carcajada, exploté en risa. Él se rió mucho más grande. Siempre fantaseé con besar una chica durante toda la tarde en una plaza, sin que nos importe el tiempo. Si bien, esta podía ser la oportunidad para hacerlo, estaba cansado y lo único que quería era llegar a casa, tirarme a su lado entre la textura de las sábanas y el chirrido del ventilador soplando en mi pecho.

El señor de hoy tenía la voz gruesa y pronunciaba las palabras con mucha claridad. Pero Feli no me dejó hablar mucho con él. Aprovechó que sus dos manos se sostenían de mi codo y me estiró el brazo haciéndome señas. No le gustó el chiste que acababa de hacer, y muy a su estilo, cortó la conversación hablando bajito y en tono chismoso. A ella no le gusta mucho que yo hable con gente desconocida.

- No sabés todo lo que hoy quise tomar un jugo de naranja recién exprimido, bien frío, de esos que se sienten los grumitos y podés morder todo su juguito. Y vos sabés que le conté un poco eso a Ceci y después no paró de hincharme con el jugo. Todo el día me tentó. Decía que yo no iba a poder tomar mi juguito. Opuká cherehe todo el tiempo. Hasta que se cumplió lo que me dijo. Recién nomás tomé una coquita de consuelo, porque no llegó mi juguito. Pero yo digo que a veces nomás no se cumplen nuestros deseos, ¿verdad? Porque bien que se cumplió tu sueño de tener una chica linda a tu lado.
- Nadie más linda que vos.
- Yo te dije luego. No vas a encontrar alguien más linda. Es lo que va contigo. Yo soy la única que combina con vos. Y cómo es. Hoy que me arreglé todito para vos, vos no me dijiste nada todavía.

Se rió con picardía. Apoyó su oreja sobre mi brazo y me acariciaba despacito. Le quería seguir el juego, ya que se puso romántica. Porque en verdad sí me di cuenta que tenía la pollera bien acomodada sobre la cintura, pero uno a veces cree que las mujeres son así todo el tiempo. Perdí una oportunidad de piropearle, pero porque me ganó de mano nomás.

Ella se merece piropos, muchos piropos. Es hermosa. Sus cejas grandes, esos sus ojos hundidos, su nariz chiquitita, los labios carnosos y su piel suave me siguen seduciendo. Todavía no le dije que me gusta más cuando no se pone perfume, porque su olor, su transpiración lo que me atrae. Pero esta es una de esas cosas que ella puede tomar o muy bien o muy mal. Entonces prefiero no decirle nada nomás. Un problema menos, por las dudas.

- Yo creo que va a ser futbolista. Demasiado bien ya patea. Fuerte y con la punta de los pies.

Sin terminar de hablar, me agarró de la muñeca y llevó mi mano sobre su panza. Me gusta mucho tocar su ombligo saltón y durito, mientras toda la palma recorre toda esa pelota esperando que patee. Sentí el golpe justo encima de mi dedo índice. Me asusté y salté. Enseguida se burló de mí con una risa grande, muy parecida a la del señor que nos va a avisar cuando venga el colectivo.

- Menos mal que los hombres no se embarazan. Por cualquier cosa ya se asustan. ¿Cómo luego van a tener así un bebé en su panza?

Me gusta mucho pensar en lo sorprendente de la existencia de un ser humano dentro de otro. Que nace de dos personas que se unieron. Y cómo es, ¿verdad?. A Feli y a mí nos tocó. No debe haber felicidad más grande en el mundo. Su sangre con la mía. Nuestra sangre mezclada. Puramente nosotros.

- ¡Ahí ya viene! Le hago ya la parada.

Qué rápido que vino hoy. Yo quería seguir tocando su panza. Había mucho ruido de autos, pero igual yo escuchaba sus latidos. O a lo mejor era su pie pateando el ombligo duro nomás lo que sonaba. Tanto ruido lo que le debe poner nervioso. Pero por suerte para la mamá, las patadas no se dan muchas veces.

Cuando el colectivo se acercó, busqué la agarradera de la puerta y le pedí el bastón a Feli. Lo puse junto al mío y le traje a ella hasta la escalera. Me subí atrás de ella y cuando quiso llegar al asiento de discapacitados, se encontró con una señora que le pidió que espere un ratito, que le alzaba a su bebé y se iba hacia atrás. Feli siempre fue muy respetuosa con las embarazadas y ahora, con su panzota, estaba diez veces más amable.

- No, por favor, dejá. Nosotros nomás vamos a pasar por el molinete.

Giró el molinete y le seguí. No me había dado cuenta que atrás mío estaba el señor que nos subió al cuarenta. Ni gracias no le dije. Por suerte se despidió adentro del colectivo recién. Pero parece que se atragantó en el medio. “mpñero” escuché. Supuse que quiso decir “Suerte compañero”. Traté de ser lo más amable posible con él, para devolverle el favor.

- Gracias mante, señor.

Siento que tengo la obligación de ser amable con esta gente. Todos los días tenemos personas diferentes que nos suben al colectivo. Y con Feli, día a día agradecemos que no nos mienten. Hay demasiado mucha gente que se quiere aprovechar de los ciegos. A nosotros, por suerte, no nos tocó nunca alguno. Debe ser la bendición de ese futbolista que nos acompaña. Es diferente cuando uno tiene la protección de un angelito. Que patea cuando escucha mucho ruido. Nosotros ya sabemos que es un ángel, por lo lindo que va a ser cuando nazca. Tiene a quien salir.

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