Pum

Jueves, 17 marzo 2011 | 1 comentarios

El día soleado encandila por la ventana. Acá afuera hace frío. Desde abajo de la frazada llega un viento rico y calentito. Estoy harto de ser el único destapado en toda la cama. No me queda otra.

Me estiro, me desperezo. A medida que el pie se va moviendo, empiezo a apretar la cara bien fuerte, preparándome a enfrentar las horribles, ásperas y frías baldosas rojas. Le toca al Gordo Martín dar el inicio de un mal día.

Yo soy el de la derecha, el que marca el comienzo de los días lindos, haciendo fiesta cada vez que sea necesario. A medida que pasan los años soy cada vez más exigente, me cuesta mucho más entregar el pum con facilidad. Pero por algo soy dedo gordo. De algún lado tiene que salir la confianza.

Frente al espejo del inodoro decido qué peinado voy a tener hoy. Me gusta cambiar y probar estilos, elegir el que vaya mejor con el día. Hay que saber que prefiero las tendencias modernas “al descuido”, que parezca despeinado pero no sea. Eso sí, sin llamar demasiado la atención. Nada de corte carré ni claritos.

Hoy Mauricio tiene una cita. Anoche dijo que se iba a arreglar y poner pituco para la cena. Sonó muy convencido. Entonces, finalmente hoy me va a cortar la uña, maldición de la naturaleza. No hace más que destruirme el peinado.

Qué vergüenza. Cuando Mauricio conoció a Ángela, me presenté ante Alelí en un estado bochornoso: sucio, despeinado y con mal aliento. Ángela tenía sandalias. Alelí sonreía, su aura me encegueció. Nada pudo detener el flechazo.

Nuestros encuentros son explosivos y tiernos. Las yemas festejan su encuentro y maldicen las despedidas, quedan relajadas y sensibles después de cada acercamiento. Nunca antes tuve sensaciones tan fuertes con otro dedo gordo. Debo confesar, humildemente, que he probado una considerable cantidad a lo largo de los años, teniendo en cuenta mi afinidad con los dedos izquierdos gordos y habiéndome cruzado también con dedos gordos derechos que me dieron vuelta la uña. Lo que siento con Alelí es sublime. Nunca me pasó.

A esta altura de la vida ya no estoy para andar con rebusques. Lo único malo del día de hoy va a ser el horrible filo del alicate rozándome la frente. El resto, no va a tener desperdicios, todo va a ser preparativos para la cena. Ángela, no usa ni botas ni medias. Voy a estar delante de Alelí después de mucho tiempo. Me peino con la raya al medio y gel a discreción. Cara bien lavada y algo de perfume, que parezca perfumado pero no sea.

Doy un último vistazo al frente, ajusto un mechón rebelde y miro a la izquierda para gritarle a Martín: “¡Gordo, pum para arriba!”.

« | »

Un comentario para “Pum”

Lápiz de papel

Pum

Sobre el lápiz

Textos azarosos